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Laura se confiesa. (7 bis) Después de ver como mi maridito se metía en un hotel con dos chicas de dudosa reputación, subí a mi camioneta y me dirigí sin respetar semáforos ni ninguna ley vial, a mi casa. Estaba con un humor de perros, si en ese momento lo hubiera tenido delante de mí seguramente le hubiera dado una sonora cachetada. Justamente yo, no tengo que asustarme de sus infidelidades, no creo que él lo sea más que yo, por lo general no desaprovecho ninguna oportunidad para que un hombre me de placer, si es viejo, disfruto con sus lenguas y le saco dinero, joyas y lo que me den, los atesoro en un banco, si es joven, me regocijo de su juventud. No estaba celosa, ni nada parecido, era indignación, porque el señor marido mío, me privaba de una vida sexual satisfactoria, para irse de juerga con las chicas estas y encima le sacaban dinero, yo por lo menos, el dinero que le sacaba a mis múltiples y variados amantes, no lo tiraba por ahí, lo tenía bien ahorradito, y no se si era mi conciencia o qué, solía hacerle regalos maravillosos a mi marido con el dinero que le sacaba a mis machitos viejitos. Me metí en la bañera llena de ira. ¿Con qué esas teníamos marido?, ¡te gustan las putas!, ¡aquí tienes una, la más puta de todas, ¡si supieras el volcán que llevo dentro mío!, y no la sabes aprovechar, pedazo de cabrón, ¡bien merecido tienes los cuernos!. Y te aseguro que tendrás más, muchos más, a lo largo de toda nuestra vida, mientras estemos juntos. Tomé un baño con sales que olían a lavanda, el agua tibia, recorría mi cuerpo y mientras me bañaba se me ocurrió una idea. Si él la estaba pasando brutal con dos mujeres, ¿por qué no?, yo la pasaría mejor que él, en mi propia casa, en nuestra cama y con dos hombres, una sonrisa maliciosa se dibujó en mi cara, y pensaba, ¡si supieras maridito imbécil, lo que haré en tu cama!, esta boca se tragará dos vergas juntas, quería ponerme dos a la vez en mi boca, y todos los líquidos que de ellas emanen, saborearlos lentamente, esta boquita, la de la futura madre de tus hijos, se llenará de leche masculina, esa que tú te niegas a darme. Envuelta en un toallón cortito, fui directo al teléfono y marqué el número que unas horas antes me había dado el ayudante del mecánico. -¿Si?, dijo con una voz muy masculina. -¿Qué tal?, soy Laura, apuesto que no esperabas mi llamado tan rápido. -Así es. -¿Quieres venir a mi casa, por la noche?, estoy solita. -Me encantaría, si, ok. -¿Puedo pedirte un favor? -Lo que quieras bombón, estoy a tus órdenes. -Invita al mecánico, dile que yo te lo pedí. -Nena!!!, te gusta mucho la fiesta por lo que veo. -A veces sí, a veces no, hoy estoy en uno de esos días que quiero fiesta y mucha. -Me ponen loco las perras como tú, dalo por hecho bombón. -Ok, nos vemos. -Nos vemos, cielito. Al rato sonó el teléfono, era el mecánico. -Laura, ¡es verdad lo que dice Hugo?. (Hugo era el ayudante). -No se que te dijo. -Que quieres que te visitemos esta noche los dos. -Si, es verdad, ¿no te gustó mi idea?. -Perra, me encantó, ¿pero no te alcanzó todo lo que te di hoy?, ¿quieres más?. -Quiero mucho más. -¿Y el cornudo?, ¿dónde anda?. -No te preocupes por el cornudo, él está muy bien y hoy será más cornudo que nunca. Será doblemente cornudo. -Las putitas como tú me fascinan. -A mi me fascinan los hombres como tú, esos que saben dar placer a una mujer. -Te cogeremos los dos. -Si, me gusta la idea. -Ok, nena nos vemos. -Besitos. -¿Dónde van los besitos?. -En tu pene. -¡Perra!, mmmmmmm. ¡Cómo me gustas!. -Nos vemos. Yo era una niña, para el mecánico me llevaba el doble de edad, en cambio Hugo, era más joven, por su apariencia debía rondar los 28 años. Era alto, con un gran torax, cabellos negros muy cortos, ojos marrones, era muy varonil y agradable, ni un gramo de grasa que le sobrara, todo lo contrario al mecánico, que tenía un vientre abultado, pero una lengua que me ponía muy puta, pero…muy, muy. Media hora antes de la fijada, sonó el timbre de la casa, aún estaba tomando mi baño, apresuradamente me sequé, tomé la bata de raso blanco que cubría apenas mis muslos, la anudé rápidamente en mi estrecha cintura y descalza fui hasta la puerta, espié por la mirilla para ver quién era, y para mi sorpresa me encontré con Hugo. Lentamente abrí la puerta. -Te has adelantado Hugo, -Laura, ¡si supieras cómo me puso tu llamado!, no puedo más de calentura. Se acercó a mi y me estrechó fuertemente en sus brazos. -Te deseo Laura, siempre soñé con esto, desde el primer instante que te ví quise cogerte. -Hoy se cumplirá tu sueño Hugo, hoy me follarás como a una perra. Lo hice entrar a la sala, me tomó de los hombros y nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas se tocaron en un beso eterno, mientras sus manos recorrían mi cuerpo suavemente, sin ningún pudor abrió mi bata, al ver mis curvas peligrosas, sus ojos brillaron con apetito voraz. Sus ojos recorrieron toda mi osamenta, en su cara se dibujó una sonrisa de apetito irreprimible. -No doy más Laura, mira como estoy. Se quitó el pantalón, tras el boxer aparecía su tremendo aparato, duro y firme, con una medida y un grosor que me pusieron las pilas a mil. La tomó con sus manos, y comenzó a acariciarla. -Mira lo que tengo para ti, te volverá loca Laura. Me arrodillé, la tomé entre mis manos, y la llevé a mi boca, con la punta de mi lengua comencé a juguetear, subía y bajaba a lo largo y ancho de toda la extensión de su magistral polla, abrí mi boca y la empecé a introducir lentamente, hasta llevarla hasta mi garganta, mientras con mis manos le acariciaba sus testículos. Hugo gemía, daba movimientos en círculos, su gran verga entraba y salía de mi boca. -Ahhhh, así mi vida, así y te llenaré de leche. Clamaba, suspiraba, gozaba. -¡¡¡Ahhh, qué bien la chupas zorra!!!. La saqué de mi boca, y con mi lengua comencé a besarlo en los muslos, fui bajando hasta sus pies, volvía a subir mientras le agasajaba la polla, cada vez crecía más entre mis manos, delicadamente me tumbó sobre el sillón, abrió mis piernas, comenzó a besar mis muslos, sus dedos entraban en mi vagina, y los empujaba hasta el final y los volvía a sacar, le suplicaba que me diera algo, lengua, verga, ¡algo por favor!. Y me dio su lengua que entró en mi rajita húmeda y caliente, empezó a lamerme por los bordes, mientras sus manos tomaron la punta de mis pezones y comenzó a incentivarlos con sus dedos, mi excitación llegaba al punto máximo, en ese momento su lengua fue a mi clítoris, lo besó, pasó su lengua bordeándolo. -¡Ahhh, así y me corro, no pares, ahhh!!. Siguió con un ritmo furiso, hasta hacerme correr. Se puso de pie, y acercó su gran verga a mi boca, abrí mis labios, la posó, y como una leona hambrienta la tragué hasta el fondo de mi boca, mientras con mis manos acariciaba sus testículos, se la chupé un buen rato, le hacía jueguitos con mis labios y mi lengua, hasta que llegó el momento en que su leche tibia empezó a saltar dentro mío, me relamí los labios, y la tragué mirándolo fijamente a los ojos. En ese preciso instante sonó nuevamente el timbre, Hugo muy rápido alcanzó a ponerse el pantalón, tomé mi bata, y saboreando sus líquidos miré por la mirilla y ví al mecánico, prolijo y bien bañado. Abrí la puerta, cerré la puerta, mientras ponía el seguro por dentro, apoyó su pene en mi trasero y pasó su mano a mi conchita. -¡Qué humeda estás!. Se dio vuelta y lo vió a Hugo semidesnudo. -Me parece que llegué tarde a la función. Dijo algo molesto. Yo sabía cómo calmar esa molestia, me agaché y empecé a besarle la verga por sobre el pantalón. Mientras con mis manos intentaba sacarle sus prendas. El mecánico me ayudó y en menos de un segundo estaba desnudo totalmente y la polla ya dura y erecta. -Mira que eres puta Laura. -La mejor puta, quiero hacer muy cornudo al cabrón de mi marido. -Nosotros te ayudaremos a que logres tu cometido. Nos acercamos al sillón donde estaba Hugo sentado, me incliné y saqué mi lengua, Hugo puso su lengua sobre la mía, y por fuera de nuestras bocas, nos palpamos. -Quítate el pantalón Hugo, y fóllame como a la más perra. Hugo quitó sus pantalones, su verga ya había alcanzado el esplendor deseado por cualquier hembra caliente, me senté sobre su polla durísima y lo cabalgué, sus dedos comenzaron a jugar con mi ano. -Me quiero comer este culito precioso, gemía Hugo. -Cómetelo entero, dame esa verga en mi culo, siiii. Sus dos dedos entraban y salían de mi ano, su polla en mi conchita, lo fue dilatando, me quité la verga y al ver ya que estaba lista para la penetración, lentamente me fui introduciendo su pene en mi orificio. El mecánico se paró a mi costado y me puso su verga dura en la boca, mientras yo sentada sobre el instrumento duro de Hugo, tan deseado por mi, el mecánico me cogía por la boca.
Mi placer llegó a la cumbre máxima y tuvo otro orgasmo con chilidos de hembra ardiente. Quería sentir las dos vergas juntas dentro mío y se los pedía desmedidamente. Entonces el mecánico dispuesto a complacerme en todo, quitó su verga de mi boca, y se tendió sobre la alfombra, cabalgué al mecánico, saqué mi trasero hacia fuera y Hugo volvió a penetrarme por atrás, esta vez lo hizo de un solo empujón, pues mi orificio estaba totalmente dilatado. Empezó ese mete y saca, pero de a dos, de adelante y de atrás, Hugo y el mecánico me fregaban el clítoris con sus dedos. Mi placer era endemoniado y salvaje. -¡Qué puta eres, Laura!. Me decía Hugo mientras me tenía ensartada por atrás. -El cornudo ¿te coge así?, me decía el mecánico. -El cornudo no sabe coger, por eso están aquí ustedes, para que me den lo que el cornudo no me dá. Recliné mi boca y besé al mecánico, nuestras lenguas no pararon de rozarse, con todo este juego erótico tuve dos corridas simultáneas. Elos antes de correrse cambiaron de posición, y el mecánico dominó mi culito, Y Hugo me penetró por adelante. -Quero que me llenen de lechita, más lechita, mucha lechita. -Ahhhh, puta, zorra, ahí va mi lechita y el mecánico eyaculó mientras me decía: -Toma la leche que el cornudo no te da, ahí la tienes. A los segundos, se corrió Hugo. -¡Cómo me gustaría que el cornudo vea como llenamos de leche a la puta de la esposa, puta, puta y sus palabras se ahogaron en mis cabellos revueltos. Los tres caímos en la alfombra extenuados. Luego los tres nos duchamos, bajo la ducha entre los dos me chuparon íntegr, hasta hacerme correr varias veces más. Fuimos nuevamente al living, los invité a tomar algo fresco, cuando sentí que mi maridito quería embocar las llaves en la cerradura y no podía, eso quería decir que estaba más borracho que una cuba. Los dos hombres desesperado fueron a buscar su ropa, y se vistieron rápidamente. -Tranquilos, no puede entrar, está cerrado por dentro. Mi marido comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente. -Laura, cariño, por favor ábreme la puerta. Lentamente tomé mi bata, y me la puse. -Vayan a la cocina, ahí hay una puerta que va al jardín, esperenme allí, que la noche aún no terminó para nosotros. Cuando vi que ya estaban en la cocina, quité el cerrojo y abrí la puerta. -¿Qué son esos gritos? ¿Por qué tanto ruido?, vas a despertar a los vecinos. -Es que demorabas. -Estaba dormida, y en la habitación de arriba, aún no vuelo, marido, estás totalmente borracho. -Mañana te cuento, no soy bueno para el alcohol, ya lo sabes, por favor ayúdame a llegar a la cama, y mañana grítame todo lo que quieras, pero ahora déjame dormir en paz. Abrazados subimos la escalera, él se apoyaba en mi, era tal su borrachera, que mañana al despertarse, no se acordaría de nada, lo conocía muy bien. Se tiró en la cama vestido. Y al segundo se durmió. Corriendo fui a buscar a mis dos amantes, los hice pasar nuevamente. -Vamos a mi dormitorio. -Estás loca, Laura. –Dijo el mecánico. -No lo estoy, quiero chuparlos a los dos delante de su cara, el cornudo no se enterará de nada, lo conozco. Fuimos a mi dormitorio, mi marido estaba tendido a todo lo largo de la cama, me senté en el borde del lecho, mis dos amantes se pararon delante mío. Les bajé los pantalones a los dos, y comencé a mamarles la verga simultáneamente, era tan morboso lo que hacía que sentía que mi conchita se humedecía cada vez más. Los dos hombres eran tan perversos como yo, por el tamaño que habían tomado sus vergas, me demostraban que gozaban de la situación. Los ronquidos de mi marido se mezclaban con los gemidos nuestros, el mecánico tiró todo su semen en mi cara, mientras me tragaba la leche de Hugo. Por supuesto al día siguiente mi marido, se despertó y no estaba enterado de nada, como lo anticipé yo. Me hice la ofendida y no le hablé por tres días, esa noche salía de viaje, así que llamé al mecánico y a Hugo para no pasar la noche solita. CONTINUARÁ. |
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